Una ciudad vinculada a los aqueménidas, una decisión cívica condicional
Arriano sitúa claramente al rey Azemilco y los navíos tirios en la flota aqueménida de Autofradates. Sin embargo, la delegación cívica adopta una línea distinta: aceptar las demás peticiones de Alejandro, pero no admitir ni persas ni macedonios en la isla mientras la guerra siga indecisa. No es neutralidad de la ciudad; es un intento de acomodo condicional dentro de un vínculo imperial aún activo. Diodoro añade fidelidad a Darío, voluntad de ganar tiempo y esperanza cartaginesa; Quinto Curcio insiste en la confianza de Tiro. Estos motivos no se acumulan en un plan seguro. Para Alejandro, sacrificar a Melqart-Heracles también supone una entrada política en una ciudad que todavía controla su propia muralla.
